Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Página 4 – Espiritualidad digital

La santa coma

La coma, en los santos, es muy importante. Por ejemplo: San Isidro, coma, labrador. O mi santo patrón: San Fernando, coma, rey. Y es que detrás de la coma está la clave de la santidad. San Isidro se santificó arando el campo para Cristo y san Fernando gobernando España para Dios.

La coma, en la solemnidad de san José, es crucial: San José, coma, esposo de la bienaventurada Virgen María. Porque José camina por el Evangelio de la mano de su santísima esposa. Hasta san Mateo, al hablarnos del joven patriarca, respeta la santa coma:

José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Y es que José amó a María con amor de joven enamorado, se turbó ante la noticia de su misteriosa gravidez, protegió, tras conocer en sueños su vocación, la virginidad de su esposa aun a costa de sus propias pasiones, y murió con ella a su lado. ¡Qué santidad más dulce!

De san José aprendemos a amar a la Virgen, pero también aprendemos silencio, vida interior, obediencia, humildad, castidad… y todo ello, sin abrir la boca. ¡Qué maravilla!

¡Bendito san José! Ningún santo acuñó, detrás de su santa coma, un tesoro más hermoso.

(1903)

Lo dice Cristo

Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivoPreguntando a mucha gente no se obtiene la verdad; tan sólo se obtiene una radiografía de lo que los hombres piensan, y lo que los hombres piensan, muchas veces, está lejos de la verdad. Es más fácil encontrar la verdad preguntando a los sabios; aunque también, en ocasiones, los sabios se equivocan. Pero si uno quiere, realmente, conocer la verdad, debe preguntarle a Dios. Cristo, su Hijo, es la verdad.

¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Jesús se lanzó a las encuestas. Y las respuestas fueron de lo más variopintas: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Hasta que Simón prestó su boca a Dios: – Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. – Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre. He ahí la verdad.

También podríamos preguntar quién es Simón. Y unos dirían que es un pescador; otros, que un presuntuoso; otros, que un cobarde. Hasta que habla Dios: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Por eso amamos al Papa. Porque, frente a lo que digan los hombres, él es Pedro. Lo dice Cristo.

(2202)

Esa bendita locura

Hay que entrar en el corazón de hombres como éstos, hay que preguntarles por qué lo hacen, necesitamos conocer las motivaciones profundas que expliquen sus vidas. No basta con venerarlos, es preciso imitarlos.

La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

¿Qué movió a los santos Cirilo y Metodio a dedicar su vida a hombres desconocidos en un país extraño, a crear para ellos un alfabeto, a traducirles la Biblia, a enseñarles a leer y anunciarles el Evangelio?

La respuesta es doble: Por un lado, un inmenso amor a Cristo, que se tradujo en deseos incontenibles de que Cristo sea amado. Es la misma pasión que movía a Francisco de Asís a correr por las calles tirándose de los pelos y gritando: «¡El Amor no es amado! ¡El Amor no es amado!». Hay que estar muy loco para eso. Bendita locura.

Por otro lado, un apasionado amor a las almas, un celo infatigable que los llevó a dar la vida para la salvación de los hombres.

Ese amor a Cristo y ese celo infatigable los pediremos para nosotros. No nos salvaremos si no anunciamos.

(1402)

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