Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Página 4 – Espiritualidad digital

¡Despierta, Vicente!

almas sencillasYa os he hablado en otra ocasión del apellido de los santos, de esa «santa coma» que ponemos tras su nombre y precede al «apellido». San José tiene dos apellidos, dos santas comas. El 19 de marzo lo celebramos como «esposo de la Virgen María». Y hoy, 1 de mayo, la santa coma da paso a otro apellido: «Obrero». Lo que significa que se santificó trabajando. Trabajando en la carpintería y enseñando a trabajar nada menos que a Dios hecho hombre. No es mal apellido ése.

Quisiera yo (y pienso que Dios también) más santos con apellidos similares. Tenemos a san Isidro, desde luego, y a mi santo patrón, san Fernando, rey. Pero ¿cuánto falta para que aparezca un san Vicente, funcionario; un san Andrés, químico; una santa Antonia, esposa y madre…?

Falta el tiempo que necesita Vicente para cumplir con sus horarios de trabajo en el ministerio y considerarlos tiempos de entrega a Dios. Falta el tiempo que Vicente necesita para darse cuenta de que no sólo se santifica yendo a todas las adoraciones de su parroquia, sino también atendiendo con cariño humano y sobrenatural a los contribuyentes que pasen por su ventanilla. También a los malhumorados.

¡Despierta, Vicente!

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Cruz gloriosa, Amor, descanso

Me encaré, en el ágape posterior a la Vigilia Pascual, con un feligrés bienintencionado pero poco formado. Hay cosas que no se deben decir: «Feliz Pascua, padre. Cristo ha resucitado. La Cruz ha quedado atrás». ¡Qué disparate! Si la Cruz hubiera quedado atrás, estaríamos en el infierno, porque le habríamos dado la espalda. Hasta en el cielo se yergue, poderosa y amante, la cruz gloriosa, porque hasta el cielo alcanza el sacrificio redentor de Cristo. Quedarán atrás el pecado, el dolor y la muerte, pero no la Cruz, que es el Amor.

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Sólo un alma enamorada de la Cruz puede entender que ella es yugo dulce y que en ella está el descanso. Ella es el lecho nupcial donde se recuestan en Amor el Esposo y la Esposa. Ella es la intimidad más secreta, el abrazo más estrecho entre Cristo y el alma en medio de la oscuridad luminosa. Ella es el descanso sabático prometido al santo, porque, desde ella, mientras la sangre y el agua riegan la tierra y la fecundan, vio Dios que todo era bueno.

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