Los clarividentes

Si alguien me dice que ve a san Roque todas las mañanas junto a la vitrocerámica de su cocina, desconfío. En general, y salvo que la Iglesia avale sus visiones, desconfío de los «videntes». Pero hay algo peor: los clarividentes. Los clarividentes me producen pánico.

Como todo lo ven clarísimo, siempre tienen razón y tú eres un ignorante si les llevas la contraria. Dentro de ese horripilante grupo, hay un subgrupo especialmente peligroso: los clarividentes del sagrario. En cuanto dicen: «Esto lo he visto muy claro ante el sagrario», estás perdido. ¿Qué les vas a decir, si les ha hablado Dios? Bueno, yo les digo que delante del sagrario se pueden ver muchas estupideces.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? Tengo ya «cierta edad», y he visto claras muchas cosas en mi vida. La mayoría de ellas, al cabo de diez años, me han parecido errores garrafales. Hoy sólo me dejaría matar por las verdades de la Fe.

Tú, clarividente, hazme caso. Cuando veas algo muy claro, échate a temblar. A ver si con el temblor se te cae la viga.

(TOP23V)