Quien honra a la madre honra al Hijo
Me ha hecho gracia tu pregunta: «Padre, he estado media hora rezando ante el sagrario, y me he dado cuenta de que la pasé hablando con la Virgen. ¿No se habrá ofendido el Señor?».
Podría decirte que, en nuestra parroquia, cuando los jueves exponemos el Santísimo, rezamos el rosario ante la custodia. ¿Crees que se ofende el Señor?
También podría decirte, y esto es más personal, que cada mañana, cuando despierto del sueño, ofrezco el día que comienza rezando el «Bendita sea tu pureza». ¿Crees que se ofende el Señor?
No, no y no. No se ofende el Señor. Al Señor le agrada y le llena de orgullo que honremos a su madre. Y todo el culto que profesamos a la Virgen llega a Cristo, porque ella se lo entrega.
La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Y así, como está llena de Cristo, cualquier alabanza o ruego dedicados a la Señora alcanzan siempre al Señor.
No temas, por tanto, que un «exceso» en la devoción a la Virgen María pueda ofender al Señor. Teme, más bien, que esa devoción quede en un sentimentalismo hueco y no transforme tu vida a imagen de la vida de Cristo.
(0809)











