Cuestión de expectativas
Seamos realistas: Llevado hasta sus últimas consecuencias, el Sermón de la Montaña nos convierte en los últimos de los hombres. San Pablo llega a decir que somos la basura del mundo, el deshecho de la Humanidad (1Co 4, 13).
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tampoco diré que estamos destinados a la humillación permanente. Tenemos amigos, personas que nos quieren y a quienes queremos, ángeles que Dios envía a nuestro paso para que no olvidemos que somos muy amados. Y esta realidad debe despertar en nosotros un profundo sentimiento de gratitud. Pero recibamos ese cariño como un don inmerecido.
Porque si lo que realmente queremos es destacar, que nos traten bien, que nos agradezcan lo que hacemos o, simplemente, que nos dejen en paz, entonces somos incompatibles con el Sermón de la Montaña y más nos valdría tomar otro camino.
Pero si lo que deseamos es ser cristianos, agradezcamos el cariño de los nuestros y no nos escandalicemos si «otros» nos tratan como trataron al propio Cristo.
(TOP23J)











