Por no tirarse a esa piscina

Te sorprendes de ti mismo. Hace cuatro años llevabas más de veinte sin pisar una iglesia. Y, tras estos cuatro años, durante los cuales has asistido a Misa diariamente, te preguntas cómo puede la gente vivir sin comulgar. ¡Si tú mismo viviste así!

Me respondes que no. Que no viviste. Que ahora te das cuenta de que aquello no era vida. Era movimiento, movimiento hacia la muerte, pero no vida. Ahora, gracias a la Eucaristía, has descubierto lo que es vivir. Y, cada vez que comulgas, te dices por dentro: «¡Esto es vida!»

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Y entiendes que esta petición del Padrenuestro es una invitación a la comunión diaria. Porque la comunión es el verdadero maná, el pan de Vida. Ahora lo sabes.

Pero no trates de explicárselo a quien no comulga, porque no te entenderá. Como tampoco tú lo hubieras entendido entonces. Es preciso sumergirse en la Eucaristía para conocer esa Vida, que es vida eterna.

Ahora que vienen los calores, te diré que la lástima es que sean tan pocos quienes se lancen a esa piscina. Muchos se quedan en la orilla, diciendo: «El agua está muy fría, no es de precepto». Pobrecillos.

(TOP11J)