Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La semilla y los talentos

Existe un parecido y una diferencia entre la parábola de la semilla y la de los talentos. En ambas parábolas se nos invita a dar fruto, a multiplicar lo recibido. Pero en el caso de los talentos, guardar el talento en tierra es indolencia; en la de la semilla, guardarla es el secreto para que dé fruto.

Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.

Y es que el talento se nos da para que trabajemos. La fe de nada sirve sin obras, es necesario mostrarla en la vida, proclamarla de palabra y llevarla hasta las últimas consecuencias, incluso hasta el martirio. Nadie se salvará por haber mantenido la fe, como quien cubre con las manos la vela de su bautismo, sino por haberla convertido en lámpara que alumbre a quienes viven en tinieblas.

La semilla es la Palabra de Dios. La semilla, sin embargo, es preciso guardarla en el silencio de la oración desde por la mañana y, como la Virgen, meditarla en el corazón durante todo el día. Sólo así da fruto. Y ese fruto es el talento que pondremos a producir.

(TOP24S)

Santas mujeres

santas mujeresA las mujeres que acompañaron a Jesús de pueblo en pueblo y de aldea en aldea las conocemos con el título de «santas mujeres». ¿Por qué? Apenas sabemos nada de ellas.

María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

De María Magdalena sí sabemos, y lo suficiente como para avalar su fama de santidad. Pero ¿qué sabemos de Juana, de Susana, o de esas otras de quienes no conocemos ni el nombre?

Sabemos lo más importante. Muchos siguieron a Jesús porque querían obtener algo: curaciones, expulsión de demonios, milagros… Pero estas mujeres seguían a Jesús solamente por un motivo: para darlo todo. No sólo sus bienes; también su vida. Su vida estaba volcada en Cristo.

Son dos formas distintas de entender la religión: el «Dios para mí» o el «Yo para Dios». Y una sola de estas formas conduce a la santidad. Por eso se las llama «santas mujeres», porque vivían para Dios hecho hombre.

No me queda espacio aquí para explicaros cómo los párrocos conocemos de cerca esta santidad de mujeres que viven para la Iglesia. Es tremendamente real.

(TOP24V)

Los «casi santitos»

Ojalá me sepa explicar bien hoy, porque voy a tratar un asunto delicado y, si me explico mal, me acusarán de lo que acusaban a san Pablo (leedlo en la carta a los Romanos). Venga, al agua.

Creo que el Maligno está interesado en que determinadas personas, como el fariseo Simón, no cometan pecado mortal. Eso lo aprendió con el rey David. Simón el fariseo, con toda seguridad, no mataba ni robaba ni fornicaba. Como los bancos de mi iglesia. Si hubiese matado, robado o fornicado, quizá del susto se habría convertido igual que David. A esas personas el Demonio prefiere tenerlos atados, no con cadenas de hierro forjado, sino con hilos de seda apenas visibles: una soberbia disfrazada de piedad, una vanidad disfrazada de gratitud… Y así, desde su peana de «casi santitos», se permiten juzgar a esos pecadores que hacen groserías. Como a la mujer que ungía los pies de Jesús.

Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco.

¿Quiere esto decir que más le hubiera valido a Simón matar a alguien? ¡Ni de broma! Quiere decir que, sin humildad, nadie podrá salvarse por «poquito» que peque.

(TOP24J)

La razón por la Razón

¡Qué frase tan misteriosa! ¡Y tan fascinante!

Tras quejarse el Señor de cómo los hombres lo critican por comilón y borracho (malditos puritanos), afirma: Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón.

Dar la razón a Cristo significa rendir el juicio. Lo que más le cuesta rendir al ser humano es el juicio y la voluntad. Conozco a gente que hace muchas cosas buenas. Las que le da la gana. Y las hace como le da la gana. Pero sienten pánico de preguntar al Señor qué quiere que hagan. Con el mismo ímpetu, tratan de ser santos. A su modo, ellos ya saben cómo llegar al cielo. La dirección espiritual les produce erisipela. No vaya a ser que el sacerdote les diga que se equivocan… ¡Ellos! No es fácil rendir el juicio.

Con todo, dar la razón a Cristo, lo cual supone necesariamente rendir el juicio, no significa no pensar. Significa pensar como Él. Por eso llama Jesús a estas personas hijos de la sabiduría, que es el Espíritu Santo. El Paráclito llena la mente del cristiano con los pensamientos de Cristo. Nosotros le damos la razón, y Él nos da la Razón: su Espíritu.

(TOP24X)

La Señora de mis dolores

Vivimos en un mundo de vampiros. Como al conde Drácula, la Cruz nos hace huir despavoridos. Y es que, en nuestra ceguera vampírica, no vemos en ella más que dolor. Y el dolor nos repugna. Llegamos a la fiesta de la Virgen de los Dolores, y el mero nombre nos tira de espaldas. En más de treinta años de sacerdocio, no he bautizado a ninguna María Dolores, aunque me han hecho bautizar a alguna «Lola». Sobre María Angustias ya ni hablo.

Pero, repito, estamos ciegos. Porque hablamos de terreno conquistado. Decir María de los Dolores es como decir Sancho de Navarra. Cristo ha hecho suyo todo el dolor de la Humanidad en la Cruz. Y la Virgen se ha adentrado con Él en esa conquista como consorte.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Que alguien clave una estaca en el pecho a los vampiros y encienda las luces. Que brille la Cruz en toda su gloria. María de los Dolores es la Virgen María de mis dolores, la señora de mis penas, que, abrazadas por ella, se han convertido en dulzuras.

(1509)

Para ver y ser visto

¿Por qué se sitúa un hombre en alto? Para ver y ser visto. El profesor sube a la tarima para ver a sus alumnos y que sus alumnos lo vean. El pastor sube al promontorio para contar las ovejas y para que las ovejas lo vean cuando las llame. «Bien sé, pastor divino, que estás subido en alto para llamar con silbos tan perdido ganado», dice un himno litúrgico.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

Jesús subió a la Cruz para ver y ser visto.

Para ver, desde allí, elevado sobre la Historia, todos y cada uno de nuestros pecados y sufrirlos. Para ver el amor de los santos y recibir su consuelo. Para ver cada altar donde su cuerpo es entregado. Para mirarte a ti a los ojos, si es que tú te dejas mirar por Él.

Para ser visto por Velázquez mientras lo pintaba. Para que tú y yo podamos elevar la mirada a la Cruz y enamorarnos. Para ser visto por el sacerdote que celebra el Santo Sacrificio sobre el altar. Para que lo encuentren los ojos del pecador arrepentido que busca su perdón.

(1409)

El perdón de corazón, en cinco pasos

Hay quien tiembla al escuchar el evangelio de hoy. Tras proclamar la parábola de aquel siervo sin entrañas, Jesús sentencia: Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Aquí comienza el temblor. Porque a todos nos han herido, y no siempre podemos estar seguros de haber perdonado. Menos aún, cuando Jesús habla de perdonar de corazón. ¿Puedo estar seguro de haber perdonado «de corazón»? ¿Qué es perdonar de corazón?

Te diré primero lo que no es. Perdonar no es que la ofensa no te duela. No confundas dolor con rencor. «Cada vez que pienso en ello, me duele; luego no debo haber perdonado». Mentira. Eso sólo significa que te hicieron daño, y la herida no ha sanado. Ese dolor no es pecado.

Para empezar, perdonar es querer perdonar. Si quieres perdonar, vas por buen camino. También es renunciar a hacerle pagar la ofensa al ofensor. Demos un paso más: Ofrece el dolor causado por el alma de quien te lo causó. Cuarto paso: reza por quien te hizo daño. Y, en quinto lugar: No tienes por qué intimar con quien te hirió; pero, si se acerca a ti… trátalo bien.

(TOA24)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad