«¡Me parece increíble que esto sea tan fácil!». Me lo decía un recién convertido, que estaba siendo cubierto de consuelos. En la película «Becket» (Peter Glenville, 1964), el santo dice algo parecido cuando entrega todos sus bienes a los pobres.
Y es que, cuando se escucha la llamada del Señor y se comienza a caminar tras Él, todo es fácil. Ves milagros, sientes emociones dulces, te conmueves cuando rezas y nadas en consuelos. Para los apóstoles fue también así en los primeros meses.
Pero, si no cometes la torpeza que quedarte en la puerta de entrada jugando a santos y caminas entregando la vida, llega un momento en que el camino alcanza la ladera de un monte. Y, mientras Jesús comienza a subirlo, te dice: Donde yo voy no podéis venir vosotros. Las mismas palabras las repetirá ante Simón poco antes de morir: Adonde yo voy no me puedes seguir ahora (Jn 13, 36).
Se hace de noche. Y ya no sientes nada, salvo cansancio y sequedad. Una sequedad ardiente que se clava en el corazón como un cuchillo. Delante de ti está la Cruz. Y ahora te lo juegas todo. ¿Qué harás?
Yo te lo digo: ponerte de rodillas.
(TC05M)











