Procurad ir hoy a misa con tiempo. El relato de la casta Susana es casi interminable si se lee la versión larga. Y, en ese caso, espero que os toque un buen lector. Porque lo casi interminable, leído por un mal lector, se convierte en casi insufrible. Yo me alegro de que Susana fuera casta y buena, la culpa de la longitud de la lectura es de los viejos. Porque lo pecados lo embrollan todo.
Que se lo digan a aquella mujer sorprendida en adulterio. Menudo lío, te pones a pecar, te pillan los escribas en plena faena, y rápidamente te preguntas: «¿Por qué me meto en estos líos?». Otro embrollo.
Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Jesús te deshace el embrollo, pero no te da la razón. Te devuelve la inocencia, pero te encarga severa y dulcemente que la guardes.
En el calvario, la casta Susana y la mujer adúltera se encuentran y se miran a los ojos. El Justo es condenado para que resulte perdonado el pecador. ¡Con cuánta gratitud debo meditar la Pasión del Señor y recibir su sangre! Pero también debo escuchar cómo me dice, desde la Cruz: «No peques más».
(TC05L)











