La Resurrección del Señor

11 noviembre, 2023 – Espiritualidad digital

Los del cinco raspadillo

Todos los años igual. Cuando se acerca el día del Pilar, cada vez que suena el teléfono ya sé lo que me van a preguntar. «Padreeeee ¿el día del Pilar es precepto?». Lo peor es que, cuando les digo que no, suspiran aliviados. «¡Bien!». Y, si les miento y les digo que sí, les estropeo el día. Este año opté por coger el teléfono y, sin esperar a la pregunta, decir: «No es de precepto». Cuelgo.

Bendito precepto, si nos recuerda la necesidad que tenemos de la Eucaristía. Pero maldita forma de entenderlo la de los del «cinco raspadillo». «Padre, a mí con un cinco raspadillo me basta, soy muy humilde. Yo con ir a misa cuando es precepto, confesar por Pascua y rezar un padrenuestro cada noche tengo bastante».

Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. Tal como están los tiempos, los del cinco raspadillo no pueden perseverar; se los lleva el mundo. Perseverarán quienes, como las vírgenes prudentes, guarden un extra de piedad en sus alcuzas. Ve a misa todos los días, y te quitarás dos preocupaciones: los preceptos y la apostasía.

(TOA32)

¿Para qué se nos ha dado la vida?

La pregunta es tan básica, tan elemental, que a veces pudiera parecer una pregunta estúpida. Sin embargo, la auténtica estupidez se alcanza cuando la pregunta no se responde. ¿Para qué se nos ha dado la vida?

Hay quien piensa que la vida se nos dio para echar la siesta; otros creen que para amasar dinero; otros creen que para disfrutar de los placeres carnales… y todos ellos acaban frustrados e insatisfechos por no haber sabido responder bien a la pregunta.

La vida se nos ha dado para que la entreguemos por amor. Más aún: para que la entreguemos, por amor, a Aquél que nos la dio. Y, al hacerlo, alcancemos el gozo de un Amor eterno.

Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. Contempla, hoy sábado, a Jesús sepultado. Todo lo ha entregado, todo le falta. Y va a ser recibido en el cielo por su Padre y sentado a su derecha. Del mismo modo tú: no te guardes nada, ni tu tiempo, ni tus fuerzas, ni tus bienes. Sé generoso, entrega por amor cuanto has recibido, y experimentarás la dicha de los bienaventurados.

¿Qué te falta por entregar?

(TOI31S)

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