Me sorprende la facilidad, y la aparente seguridad, con que algunos separan el trigo de la cizaña en este campo de Dios. Éste es de fiar, éste no es de fiar, éste es amigo, éste es enemigo, éste es bueno, éste es un idiota, éste es un soberbio, éste es humilde… ¡Como si fuera tan fácil! ¡Como si tuviéramos todos los datos! ¡Como si pudiéramos escrutar los corazones!
La buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno. No es tan fácil distinguir a los ciudadanos del reino de los partidarios del Maligno. Las apariencias engañan. ¿Acaso no puede haber ángeles en las cárceles y demonios en los conventos? En ocasiones pienso que el olor delata a cada uno, pero tampoco me fío de mi olfato.
Saulo parecía cizaña y era trigo. Judas pareció trigo, y al final nos hizo dudar.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos. Yo preferiría esperar a ese día, y dejar que sea Cristo quien separe trigo de cizaña. Sólo Él sabe.
Entre tanto, procuremos vivir como ciudadanos del reino. Amemos a todos y evitemos juzgar. Quiera Dios que seamos trigo.
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