Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Jueves de la 5ª semana de Pascua – Espiritualidad digital

Confidencias de amigos

Vas a misa cada día y comulgas. Rezas el rosario y la Liturgia de las Horas… Pero no haces oración mental. Te estás perdiendo lo mejor.

A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

La oración vocal es muy valiosa, nos une a los hermanos y purifica los labios con palabras santas, brotadas del corazón de la Iglesia. No lo dejes. Cada rosario y cada oración litúrgica hacen un enorme bien a tu alma. Y en cada misa te unes fuertemente a Cristo.

Pero la amistad requiere secreto, confidencia e intimidad. Y eso es lo que aporta la oración mental.

Guarda al menos media hora cada día para quedarte a solas con el Señor y hablar con Él como hablan los amigos. Hazlo, si puedes, ante un sagrario. Si no puedes, en tu habitación. Y, durante ese tiempo, desahoga tu alma con Jesús. Háblale, llórale, ríe con Él. Escúchale leyendo el Evangelio y acoge esa palabra silenciosa e interior que deja en lo profundo de tu alma.

Y, día a día, media hora a media hora… Cristo se convertirá en tu confidente, en el Amor de tu vida.

(TP05V)

En lo profundo del alma

alegríaSorprende que Cristo hable de alegría en un momento –el de la despedida de sus apóstoles– en que se le ve especialmente triste. En pocos minutos, en la oscuridad de Getsemaní, confesará que está muriendo de tristeza. Sin embargo, les dice:

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

No todos pueden entenderlo. Quienes han olvidado que tienen alma y viven de sentimientos no pueden concebir la presencia de ese manantial inagotable de gozo en quien está llorando. Pero quienes se han liberado de las cadenas viscosas del sentimiento y se han retirado a vivir a un lugar más profundo de sí mismos saben bien de qué habla el Señor.

Mientras el corazón del Salvador sangra y llora, en lo profundo de su alma habita una alegría a la vez desbordante y serena. Es la alegría del Amor de su Padre, que no se retirará ni en ese momento terrible en que, desde lo alto del Madero, se sienta abandonado de Él.

Esa alegría la derrama en los suyos. Yo la he visto cuando quienes lloraban en el tanatorio la muerte de un ser querido me decían: «Estamos muy contentos».

(TP05J)

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