Satisfacciones de un buen padre
¿Conocéis a alguna de esas personas que parecen vigilar todo lo que haces para ver si metes la pata en algo y reprochártelo después? De lo suyo apenas se ocupan, están demasiado ocupados en mirar lo tuyo. Unos pesados insufribles. Dios los perdone. Pero capaces serán, cuando lo haga, de reprocharle que los ha perdonado en sábado. Porque ellos no perdonan ni al propio Dios.
Los discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
¡Menuda panda de tiquismiquis! Me pregunto si tendrían hijos. Y, como supongo que los tendrían, me pregunto si alguna vez alguien les anunció que Dios es Padre.
Cualquier padre goza viendo comer a sus hijos pequeños. Mi sobrino nieto de tres meses, Pablito, está gordo y sus padres son felices. Les preocuparía que estuviese delgado.
Porque ningún padre quiere que sus hijos pasen hambre. Y Dios nos lo ha demostrado enviándonos a Aquél que es el Pan del cielo, para que comamos hasta hartarnos. Por eso la Misa, que hubiera escandalizado a aquellos fariseos, es un gozo inmenso: porque nos hacer felices a nosotros al comer, y a Dios cuando nos ve saciarnos.
(TOP02M)











