La supuesta piedad de los demonios

De los demonios se puede decir que son mendaces, embusteros, malintencionados, envidiosos, malvados… Pero jamás pensé que pudiese haber demonios «piadosos». Y, probablemente, me habré equivocado. Los demonios no pueden ser piadosos. Pero no me negaréis que lo parecen:

Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».

Se postran en adoración como los Magos, y su profesión de fe es digna de un Juan Bautista o un san Pedro. Cualquiera diría que estos demonios van cada día a misa de siete. Pero…

Pero al corazón del Señor no le agradan sus adoraciones ni sus profesiones de fe. Porque no proceden de un espíritu enamorado, no hay amor en ellas, tan sólo hay temor. No es oro todo lo que reluce, ni piedad todo lo que reza.

Agrada más a Cristo el Amén de un santo que todas las postraciones y jaculatorias de los demonios. Y un santo que se persigna conforta más al Señor que los dos besos que recibió de Judas.

No te conformes con decir: «Ya rezo, ya voy a misa, ya me arrodillo ante la custodia». Dale al Señor lo que el Señor quiere: un amor encendido.

(TOP02J)