Cuando vayas al médico…

Supón que vas al médico y, cuando te recibe, dices: «Doctor, estoy hecho un toro. Hago deporte cada día, tengo el colesterol a raya, no fumo ni bebo, y ni siquiera necesito levantarme por la noche para ir al baño». Te crees que el médico va a emocionarse, a llamar a los enfermeros y pedir un aplauso para ti. Pero el médico te mira con cara de aburrimiento y te dice: «Entonces, ¿para qué viene usted? Vuelva al gimnasio». En resumen: eres idiota.

¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El fariseo.

Detrás de ti entra otro paciente que se retuerce de dolor y tirita a causa de la fiebre alta. Y el médico se vuelca con él, pide que lo lleven al quirófano para una operación urgente, y le salva la vida.

¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador. El publicano.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Éste quedó curado y aquél no.

No hay nada más estúpido, créeme, que querer quedar bien con el confesor.

(TC03S)