Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Navidad – Página 3 – Espiritualidad digital

El cielo estuvo en Egipto

Sé que la fiesta de la Sagrada Familia es la ocasión perfecta para la reivindicación, para la protesta, para la denuncia de todos los desmanes con que nuestra sociedad occidental está atacando a la familia y tratando de destruirla. Todo eso lo sé, y en ocasiones yo mismo he aprovechado la ocasión para poner el grito, no en el cielo, sino en la tierra. Pero, qué queréis que os diga, este año no me apetece nada. Más me apetece disfrutar de lo bueno que lanzar piedras a lo malo.

Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Vivimos en Egipto, en la sociedad del pecado y la esclavitud. Pero, durante años, el cielo estuvo en Egipto, porque allí plantó Dios su tienda, en la que vivieron Jesús, María y José. Dichoso quien habita en esa tienda. Aun en medio de las peores dificultades, quien allí vive vive en el cielo, rodeado de amor humano y divino.

Egipto necesita santos. Necesita personas felices mucho más que apologetas indignados. Necesita calor de cielo, sonrisas de ángeles. Creedme: lo mejor que podemos los cristianos hacer por la familia es plantar en Egipto la tienda de Jesús, María y José.

(SDAFAMA)

“Misterios de Navidad

Carantoñas

¿Qué hace un padre con su hijito de tres años? Se agacha y juega con él. Le hace cosquillas y carantoñas. Ríe el niño, ríe el padre. Y, después, lo abraza, lo levanta en alto, y lo besa.

Hoy quiere Dios jugar contigo. Eres tan serio que no lo entiendes. Si supieras lo pequeño que eres lo entenderías. Y sabrías que sólo jugar con Dios puede salvarte.

Mira al Niño Jesús. Y date cuenta de que es Dios agachado. Agachado para jugar contigo. Acércate a Él, sin miedo. Deja que te toque, que te haga cosquillas y carantoñas. Los mayores somos ridículos cuando hacemos carantoñas a los niños. En Dios eso es sobrecogedor. No te sientas ridículo tú; tú eres el bebé. Él es Dios agachado.

Deja que te abrace, que su abrazo te abarque por completo. Pon tu vida en sus manos, suéltalo todo y dáselo. Dile, con Teresa: «Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?»

Y ahora déjate levantar. Y tú, que eres hombre, serás elevado a la altura de Dios. Porque Él, siendo Dios, se ha abajado a la altura del hombre.

Cuando te haya alzado, te besará. Y estarás eternamente junto a Él.

(2512)

“Misterios de Navidad

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