Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Domingos de Tiempo Ordinario (ciclo C) – Página 3 – Espiritualidad digital

Malos que rezan

Las palabras del Señor confortaban y escocían. Nunca daba puntada sin hilo.

Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino…

Para representar a ese personaje que pasa de largo ante el sufrimiento del hermano, bien podía haber elegido Jesús a un comerciante o a un ladrón. Pero quiso escoger, precisamente, a un sacerdote, un levita. Y así, en la parábola del buen samaritano, el bueno es un maldito y los malos son… ¡los que rezan! Toma jeroma, pastillas de goma.

Rezar es bueno, ay de nosotros si no rezáramos. Y rezar nos hace buenos, si rezamos bien. Pero hay gente mala que reza. Iré más allá: hay gente que, cuanto más reza, peor se vuelve, porque su oración los deshumaniza, los aleja del prójimo. Son «místicos» que, mientras ascienden al cielo en su oración, se dejan la vida en el suelo. Se acercan a Dios huyendo de los hombres y buscando la falsa paz del egoísta. Aquí, en la iglesia, sí que se está bien, y no en casa aguantando a mi familia.

Creo que has entendido al Señor y me has entendido a mí. Una oración que no se plasma en misericordia no es verdadera oración. Es otra cosa.

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La cerveza, las almas y Dios

Muchos de vosotros asistiréis, este domingo, a la primera misa de vuestras vacaciones. Y podría desconcertaros que, una vez deshechas las maletas y dispuestos a disfrutar del primer aperitivo, el Señor os diga:

¡Poneos en camino!

¡Pero si yo venía a tumbarme!

Has traído al apartamento quince maletas, y te dice Jesús:

No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias.

¿Y dónde meto el cargador del móvil, y el plato de la comida del perro?

Jajaja. Y, por si no hubiera suficiente:

La mies es abundante y los obreros pocos.

¡O sea, que encima quieres que me ponga a trabajar en vacaciones! ¡Adiós, descanso! Y ¿qué trabajo quieres que haga?

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa»… Curad a los enfermos que haya.

Tu trabajo es ir a la playa, beber cerveza en el chiringuito y pasear al atardecer. Pero no como quien se ha ganado un descanso y se lo cobra, sino como quien ha sido enviado por Cristo a proclamar: El reino de Dios ha llegado a vosotros.

Hay mucha gente en tu lugar de vacaciones que necesita ese anuncio. ¿A qué esperas? ¡Ve al chiringuito, que te esperan la cerveza, las almas y Dios!

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