La semilla y los talentos

Existe un parecido y una diferencia entre la parábola de la semilla y la de los talentos. En ambas parábolas se nos invita a dar fruto, a multiplicar lo recibido. Pero en el caso de los talentos, guardar el talento en tierra es indolencia; en la de la semilla, guardarla es el secreto para que dé fruto.

Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.

Y es que el talento se nos da para que trabajemos. La fe de nada sirve sin obras, es necesario mostrarla en la vida, proclamarla de palabra y llevarla hasta las últimas consecuencias, incluso hasta el martirio. Nadie se salvará por haber mantenido la fe, como quien cubre con las manos la vela de su bautismo, sino por haberla convertido en lámpara que alumbre a quienes viven en tinieblas.

La semilla es la Palabra de Dios. La semilla, sin embargo, es preciso guardarla en el silencio de la oración desde por la mañana y, como la Virgen, meditarla en el corazón durante todo el día. Sólo así da fruto. Y ese fruto es el talento que pondremos a producir.

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