Mejor que todos los consejos
Uno de los tipos humanos más insufribles es el del «aconsejón». Es esa persona que siempre tiene un consejo a mano para ti. Cuando veo a un aconsejón venir de lejos, me cambio de calle para no cruzarme con él.
Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos.
Con los años, he ido procurando dedicar cada vez menos mis sermones a decirle a la gente lo que tiene que hacer. Para qué, si no me van a hacer caso. Procuro dedicarme, sobre todo, a hablar de Cristo. Si mis feligreses se enamoran, ya no necesitarán que nadie les diga lo que deben hacer. Un corazón enamorado de Cristo es el mejor gps hacia el cielo.
Con la dirección espiritual –¡tan necesaria!– me sucede lo mismo. Me preguntan algunos jóvenes hasta dónde pueden llegar en sus manifestaciones de cariño durante el noviazgo. Menuda trampa. Si se lo digo, avanzarán hasta la línea roja, y acabarán cayendo del otro lado. Prefiero decirles: «Rezad juntos el rosario, y tened cuidado con la sensualidad».
Aunque a algunos no les guste ser libres, nuestra misión no es dirigir sus pasos, sino mostrarles el Camino –que es Cristo– y animarlos a poner en juego su libertad para recorrerlo.
(TOP18MA)











