Los amigos de Jesús
He pedido cita con mi médico de cabecera, y me la dan dentro de tres semanas, cuando los achaques propios de la edad ya hayan resuelto definitivamente el problema de la edad. Ay de mí.
Es una doctora. Cuando la veo, le cuento mis achaques y me receta medicinas. No sé nada de su vida, y ella sabe lo justo de la mía, lo relativo a mis achaques.
Seguramente, a mucha gente le pasaba (¿le pasa?) lo mismo con el Señor. Le contaban sus problemas, Jesús oraba sobre ellos y aliviaba sus sufrimientos. Pero poco sabían de Jesús, de su intimidad. Y poco le contaban de sí mismos, salvo sus dolores.
Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María. Marta, María y Lázaro, sin embargo, conocieron a Jesús como amigo. Comían y cenaban con Él, hablaban de Él y de ellos, disfrutaban juntos el tiempo que compartían.
Yo quiero ser como ellos. Si le hablo de mis dolores, que me hable de los suyos. Si río con Él, que ría conmigo. Sano o enfermo, quiero ser, sobre todo, su amigo.
Y no tendré que esperar tres semanas. Que no tenga que esperarme Él.
(2907)











