Te has vuelto a olvidar

No he contado el número de veces en que, durante su discurso de despedida, el Señor dice lo mismo con distintas frases. Pero son unas cuantas. Hoy, dos: Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis… Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho. ¿Por qué insiste tanto en que nos acordemos, cuando llegue el momento, de que nos lo había dicho?

La respuesta no puede ser más simple: Porque no nos acordamos.

Cuando todo va bien, y al rezar sentimos tan cerca a Jesús que casi lo podríamos tocar, qué bueno eres, Señor; cuánto te quiero, Jesús; gracias, Dios mío. Pero en cuanto se pone el sol, y perdemos de vista su rostro, y nos rodean las tinieblas, los dolores y la incertidumbre… ¿Dónde estás, Señor? ¿Es que ya no me quieres, o no me escuchas? ¿Es que he hecho algo mal? ¿Por qué me pasa esto?

Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho. Te has vuelto a olvidar. Todo va según el plan previsto. Reza, mira al Crucifijo, y no temas.

(TP06L)