¿Estamos preparados?
Ayer terminaba el tiempo ordinario con una exhortación: Estad preparados. Y comienza hoy el Adviento con la misma advertencia: Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
Ya lo he escrito en alguna otra ocasión: Creo que la hora en que menos pensemos es ésta. En Occidente ya nadie piensa, vivimos bajo una nube espesa de sentimentalismo tóxico que ha anulado nuestros cerebros y nos ha puesto en manos de quienes controlan las emociones. Por eso pienso que el Señor debería estar al llegar.
¿Estamos preparados?
Para mucha gente, el comienzo del Adviento es una invitación a mirar hacia delante en el calendario, al 25 de diciembre, e ir encendiendo las luces navideñas. Pero se equivocan. Nada apunta, en la liturgia de hoy, al 25 de diciembre; ese anuncio llegará más tarde. Ahora no se nos invita a mirar hacia delante, sino hacia arriba. De lo alto vendrá el Señor.
Deberíamos estar recogidos, vueltos los ojos hacia el cielo, subidos al Monte Sion, ese lugar del centro del alma donde casi se toca a Dios. Allí, en oración permanente, debemos esperar a Cristo, que viene por encima de las tinieblas del mundo.
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