Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 marzo, 2026 – Espiritualidad digital

Él tenía que posar para Velázquez

Pudo ser la última hora de Jesús sobre la tierra:

Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Así, apedreada, pudo haber muerto la mujer adúltera que presentaron ante el Señor. Así murió meses después Esteban. Y así pudo haber muerto Jesús.

Pero no era el plan de Dios. No era la hora.

Se les escabulló de las manos.

Matarlo así, en ese momento, hubiera sido un ataque de ira con consecuencias devastadoras. Un asesinato «en caliente» que nos hubiera dejado sin crucifijos y sin Dolorosa.

La condena de Cristo no podía ser el fruto de un arrebato. Tenía que producirse en frío, con juicio y entrega a las autoridades civiles. Jesús tenía que ser expuesto ante el pueblo, desprestigiado y humillado públicamente. Sobre todo, tenía que ser levantado. Era preciso que estuviera en alto para que todos lo vieran, para que todos se avergonzaran de Él…

… Para que todos lo adorásemos, para que Velázquez pudiera pintar su obra maestra, para que pudiéramos besar el leño el Viernes Santo.

Aunque la Pasión fue obra del pecado de los hombres, fue Dios quien, misteriosamente, marcó los tiempos. Y Velázquez quien lo pintó. Nadie puede pintar un cadáver sepultado entre piedras.

(TC05V)

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