Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

enero 2026 – Página 5 – Espiritualidad digital

Don Eugenio y el lobo

Eugenio Romero Pose se fue al cielo hace unos cuantos años. Era obispo auxiliar de Madrid, y un hombre de verdadera vida interior. En cierta ocasión, durante las navidades, entró en una de las oficinas del Arzobispado justo en el momento en el que el jefe del departamento había cogido un enfado considerable y estaba abroncando a todo bípedo implume que respirase cerca de él. Don Eugenio tomó por el brazo al jefe, lo llevó hasta el Belén del departamento, le señaló al Niño Dios y le dijo: «Él tomó de lo nuestro para darnos de lo suyo». Y aquel hombre quedó en silencio ante el Belén, apaciguado y recogido. Fue lo más parecido al episodio de san Francisco con el lobo.

A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. ¡Cómo no apaciguarse ante este misterio! Nosotros queriendo ser grandes a fuerza de auparnos, y Él haciéndose pequeño y agachándose para darnos su grandeza, la de los hijos de Dios.

No quieras auparte, no quieras ser más que nadie. Agáchate, póstrate, y deja que Él te levante a esa grandeza pacífica y suave de la condición divina.

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“Misterios de Navidad

Reflexiones navideñas en desorden

Ayer decía el Bautista: «Yo no soy». Y hoy, señalando a Jesús, grita: «Éste es».

Este es el Cordero de Dios.. Este es aquel de quien yo dije… Ese es el que bautiza con Espíritu Santo… Este es el Hijo de Dios.

Y así estamos, ante el Belén, como estuvo Moisés ante la zarza.

Mi sobrina Ana, que es lo más parecido que conozco a Miércoles Addams, le dijo a su hermana mayor embarazada que el día en que naciese su hijo sería el día en que comenzaría a morir. Así de alegre es mi sobrina. Pero tenía razón.

Jesús ha nacido, ha comenzado a morir y a ser sacrificado como el cordero, ya está cubierto de muerte como la zarza estaba cubierta de fuego. Pero la muerte, como el fuego a aquella zarza, no lo consume ni lo consumirá.

Le preguntamos su nombre. Y mientras Juan responde: «Él es», la Virgen nos dice: «Su nombre es Jesús». Y nos deleitamos en ese dulce nombre, porque los enamorados se deleitan en el nombre del ser amado. «Tu nombre me sabe a hierba», cantó Serrat. A nosotros, el nombre de Jesús nos sabe a gloria y a gracia, a cielo.

¡Jesús!

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“Misterios de Navidad

Él es, yo no soy

Pensábamos que se había marchado, y aquí lo tenemos de vuelta. Juan Bautista, el profeta del Adviento, es también el Heraldo en Navidad. Él es el dedo que señala al Mesías:

Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».

Es importante anotar que estas palabras figuran en el evangelio según san Juan. Porque, en ese evangelio, Jesús se referirá a sí mismo repetidas veces con las palabras que escuchó Moisés ante la zarza: «Yo soy». Es una declaración velada de su divinidad.

Juan, sin embargo, dice: «Yo no soy». Él es, yo no soy. En otras palabras: Él es Dios; yo, sin Él, no soy nada.

Recordémoslo, porque ni tú ni yo somos el Mesías. Somos unos pobres hombres que apenas podemos hacer un poco de bien a unas pocas personas. Y que tantas veces, queriendo arreglar algo, lo estropeamos todo.

No te empeñes en salvar a nadie, que no puedes. Ni siquiera puedes salvarte a ti mismo. Haz lo que el Bautista: habla de Jesús, señálalo, muéstralo a los hombres para que acudan a Él y Él los salve. Él es.

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“Misterios de Navidad

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