Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

enero 2026 – Espiritualidad digital

Sé feliz

La palabra «bienaventurados» es una de esas palabras que uno sólo encuentra habitualmente en la Biblia. No es un término con el que estemos familiarizados en el lenguaje coloquial. Lo más parecido a ella en el lenguaje del día a día es «felices». Sólo la bienaventuranza es la felicidad verdadera. Los santos han sido las personas más felices de la Tierra.

Bienaventurados los pobres en el espíritu... Bienaventurados los que lloran… Bienaventurados los que tienen hambre… Bienaventurados los perseguidos…

Así desmantelamos el primer engaño. Ni la riqueza, ni el prestigio, ni la risa hacen feliz al hombre. Sólo lo embriagan. Se puede ser pobre y ser feliz, pasar hambre y ser feliz, ser ultrajado y ser feliz. Jesús, en su discurso, está dibujando un crucifijo. Está gritando: «También en la Cruz seré feliz».

Porque la felicidad sólo la trae el amor. Y si ese amor es el Amor, la felicidad se eleva hasta los límites celestiales de la bienaventuranza. Aunque te falte todo, si gozas del Amor serás la criatura más dichosa.

No te conformes con leerlo. Entra por caminos de oración, goza de la gracia de Dios en tu alma, ama a Cristo y recibe su Amor… ¡Sé feliz!

(TOA04)

No respondas. Pregunta y mira

Los apóstoles no entendieron nada, no podían entender, era demasiado pronto. Pero, sobrecogidos de asombro ante aquel hombre capaz de ponerse en pie y calmar una tormenta con una orden majestuosa, dejaron escapar de sus labios la pregunta clave:

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!

Es preciso mantener la pregunta abierta, recorrer detrás de ella los tres años de vida pública, y encaramarse sobre los signos de interrogación para contemplar, desde ese asombro, el misterio de la Cruz.

¿Quién es éste? Despreciado, cubierto de ultrajes, escupido, azotado, desobedecido y burlado. ¿Quién es éste? Las olas de la muerte lo cubren mientras Él parece dormir. Los hombres le increpan: «¡Despierta, baja de la Cruz si eres Hijo de Dios!», «¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!», le dice otro crucificado con Él.

Pero es allí, en la Cruz, donde, en pie, está calmando la peor de las tormentas. Desde allí lanza a los demonios y a la muerte su orden terminante:

¡Silencio, enmudece!

Y desde allí, con el agua manada de su costado, trae a la Tierra una gran calma. Tanta, que al alma pacificada por ese Espíritu poco le afectan las tormentas de la vida.

(TOP03S)

El grano de mostaza y la foto de la ministra

Perdón por la incursión en la actualidad política. Pero hace poco he visto cómo una ministra, a codazo limpio, procuraba abrirse paso entre la multitud para que la cámara de televisión la captase junto a los Reyes. Alfonso Guerra dijo, hace años: «El que se mueve no sale en la foto». Ahora, para salir en la foto, hay que moverse. Me troncho. Es la gran comedia humana.

Y Jesús, entre tanto, hablando del grano de mostaza: Al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.

Mirad la Iglesia, extendida por toda la tierra y llena de vida después de dos mil años. ¡Cómo les gustaría, a muchos políticos, dejar una huella así! Y no comenzó, precisamente, con un hombre abriéndose paso a codazos, sino con un hombre azotado, despreciado, crucificado y arrojado al último puesto, al vertedero de basuras de Jerusalén.

Dichoso quien, con Él, se hace pequeño. No queráis brillar en las fotos. Más bien, alegraos cuando os desprecien y os hagan pequeños. Porque, unidos a Cristo, redimiréis la Tierra.

(TOP03V)

Llamados a iluminar la tierra

Las palabras de Jesús nunca deben leerse como meras enseñanzas morales. Para entenderlas correctamente, debemos saber que, en primer término, Cristo siempre habló de sí mismo. Él es protagonista de todos sus discursos.

¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.

Él es la luz que vino del cielo para iluminar al hombre. Vivirá treinta años escondido en Nazaret, pero no hay nada escondido, sino para que sea descubierto. Se mostrará durante tres años y, después, subirá al candelero de la Cruz para iluminar la Historia con esa luz que su resurrección deja ver del otro lado.

No seremos luz del mundo si no subimos con Él al Madero; si no vivimos, como señaló san Pablo, crucificados con Cristo; si no convertimos nuestras vidas en sacrificio de obediencia ofrecido, con Él, a Dios.

Pero si lo hacemos, la luz que desprenderán nuestras vidas no alumbrará sólo a quienes estén cerca de nosotros. Seremos luz de mundo. Muchas religiosas, desde el secreto de su clausura, iluminan la Tierra.

(TOP03J)

Formas y formas de despertar cada mañana

¿Vosotros sois de los que se despiertan cada mañana con las noticias de la radio a todo meter? ¡Insensatos gálatas! ¿Cómo podéis soportarlo? Eso no es despertarse, es sobresaltarse. Así os va luego el día, claro. Te despierta Federico, o Carlos, o Pepa, y a las 11 de la mañana ya estás echado a perder. Si la primera noticia que escuchas al empezar la jornada son los desastres de nuestros políticos, ¿qué esperas del resto del día?

Salió el sembrador a sembrar… El sembrador siembra la palabra. Deja que te proponga otro inicio para tus mañanas. Despiertas. Saludas a la Virgen y sales de la cama en silencio. Te postras, alabas a Dios, y le ofreces el día con una oración breve. A mí me gusta el Bendita sea tu pureza. Luego te aseas, pensando en estar presentable para el Señor. Y después, antes del café, recibes la siembra; lees despacio el evangelio y lo meditas. Guardas una frase, una imagen para todo el día.

Y luego el café, y Federico, y Carlos, y Pepa y todos los que vengan. Tú permanece agarradito a lo que escuchaste por la mañana, y nada te apartará de Dios. Serás trigal de Cristo.

(TOP03X)

Clientes de Cristo y familiares de Dios

Hay comercios a los que no vuelvo. En unos grandes almacenes cuyo nombre omitiré me engañaron con un supuesto cupón de regalo y llevo años sin pisarlos. Tampoco piso un restaurante cercano a mi casa donde me pusieron los cubiertos como si me los tiraran a la cara. El cliente siempre tiene razón. Si pago, busco quien me trate bien. Si me tratan mal, no vuelvo.

Ésta es una máxima sagrada para el comercio. Pero llevada a la religión es un absoluto desastre. «Padre, ya no voy a misa porque le pedí a Dios que se curase mi madre y mi madre murió». O sea, que eras un cliente de Cristo. Y, como no te dio lo que pedías, ahora le rezas a Buda o, directamente, no rezas. Chico, creo que te equivocaste. Ni Cristo es un camarero, ni la Iglesia es un restaurante.

El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Cuando lo entiendas, dejarás de ser cliente de Cristo. Pero serás hermano, hermana y hasta madre suya. Serás su familia. Cuando aprendas que Él siempre tiene razón y que somos nosotros quienes nos jugamos todo en hacer su voluntad.

(TOP03M)

¿Nos quedaremos esperando?

A quienes deseáis ver el Reino de Dios extendido por toda la tierra os mostraré dos escenarios: Podéis rezar y esperar a que los hombres, hartos del mundo, vuelvan a Cristo. Y volverán, van volviendo de uno en uno, yo ya he recogido a unos cuantos que venían muertos de asco y de sed. O podéis ser divinamente impacientes, no conformaros con esperar rezando y salir a las calles, acercaros a quienes no creen y llevar el cielo a sus casas para que despierten, gritándoles, con vuestras vidas: El reino de Dios ha llegado a vosotros.

Porque para muchos, incluso entre quienes fueron bautizados, Dios es un concepto frío y lejano. No lo han tocado ni lo han olido jamás. Y el cristiano es quien, con su vida, su cariño y su alegría hace sentir a los hombres que Dios está cerca.

Decid primero: «Paz a esta casa». Y los hombres se sorprenden. ¿De dónde le viene a éste esa paz? Le viene del cielo, el cielo está cerca, lo toco cada vez que trato a este hombre. Huele a Dios.

No os conforméis con rezar y esperar. Llevad el cielo a los hombres. Sed santos en medio de ellos.

(2601)

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