Estamos en la época del año en que circulan más vehículos de empresas de paquetería. Casi medio mundo espera un paquete. Que llegará, casi con toda seguridad, a la hora de comer o durante la siesta. Cuando el paquete llegue, el repartidor te preguntará el nombre, pero tú no se lo preguntarás a él. No te importa. Lo que te importa es el paquete, no el repartidor.
Sucede también, a menudo, con la Navidad. Muchos esperan algo de ese Mesías que viene. La salud, ya sabes, lo que importa es tener salud; sobre todo, si no te ha tocado la lotería. La lotería, claro, ya que es Navidad podría tocarme. Otros, más espirituales, como el joven rico, esperan vida eterna. Los más píos esperan virtudes, victorias en la lucha contra el pecado… Y el Mesías es el repartidor de todo esto. Me dicen muchos que a su casa no viene Papá Noel, viene el niño Jesús. Pero viene a lo mismo, a traer algo.
Algunos, sin embargo, lo esperan a Él. Traiga lo que traiga. Incluso si trae cruz. Él es su alegría. Sólo éstos entienden que es domingo «gaudete». Y que Jesús no es el repartidor, es el regalo.
(TAA03)












