Y Dios recuperó su cetro

Uno de los momentos más trágicos de la Historia de Israel tuvo lugar cuando el pueblo, sintiendo envidia de los pueblos cercanos, pidió al profeta Samuel que les nombrara un rey. Hasta ese momento, el rey de Israel había sido Dios. Samuel se entristeció mucho por esta petición y fue a consultar con Yahweh. Yahweh, tan disgustado como el profeta, a quien parecía abrazar como dos amigos que comparten la misma pena, le respondió: Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos (1Sam 8, 7). Desde entonces, y comenzando por Saúl, Israel renegó del reinado de Dios y tuvo un rey terreno. Con resultados catastróficos.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Era necesaria esa introducción para que entendamos el alcance de la noticia. Dios recupera el cetro y vuelve a reinar sobre la tierra entera. Reina misteriosamente desde la Cruz, reina glorioso desde el cielo. Reina en tu historia y en la mía, si nos sometemos a su voluntad.

Por mucho que griten los poderosos de la tierra, nada tenemos que temer. Créeme: estamos en buenas manos.

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