Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Viernes de la 1ª semana de Adviento – Espiritualidad digital

Las dos cegueras, las dos venidas

Aquellos dos hombres estaban ciegos, pero, desde luego, no estaban mudos. Y necios tampoco eran, puesto que se sabían necesitados de ayuda y la pidieron a quien se la podía prestar: Ten compasión de nosotros, hijo de David.

Nosotros lo tenemos más difícil, porque cada mañana salimos a la calle y vemos la luz. Nos creemos sanos, quizá porque nos hemos acostumbrado a estas tinieblas llenas de mentiras resplandecientes.

Pero la luz es Cristo, y mientras no lo veamos a Él estaremos ciegos. Un día –quizá hoy– Él volverá sobre las nubes, y entonces se abrirán nuestros ojos y lloraremos de pena y de alegría; de pena, por el engaño que sufrimos, y de alegría, por el gozo de contemplar su hermosura. Hasta que ese día llegue –quizá sea hoy–, gritaremos como los ciegos gritaron. Marana Tah! ¡Ven, Señor Jesús!

Pero, antes de que se abran los ojos del cuerpo, tendrán que abrirse los del espíritu. ¡Ven, Señor Jesús! Ilumíname con la luz sagrada de la fe, para que te contemple y te conozca en mi interior. Porque si no percibo el resplandor de tu rostro en mi alma en gracia, ¿cómo te reconoceré cuando vengas sobre los cielos?

(TA01V)

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