Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Sábado de la 4ª semana de Cuaresma – Espiritualidad digital

Contra el polvo de la muerte

Si, en los primeros años de su vida pública, al Señor se le echaban encima multitudes de pobres y necesitados, desde la tercera Pascua –la última– los seguidores de Jesús se fueron alejando mientras sus enemigos se abalanzaban sobre Él.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima… ¿Por qué no lo habéis traído?… ¿También vosotros os habéis dejado embaucar?… ¿También tú eres galileo?…

Es inevitable escuchar, de fondo, el salmo 22: Me aprietas contra el polvo de la muerte (Sal 22, 16). Ese acoso culminará en la Cruz, cuando sus enemigos, hostigados por Satanás, estrellen cruelmente al Señor contra las sórdidas tinieblas de la muerte más infame.

En este sentido, no nos debería ser difícil identificarnos –salvando todas las distancias– con el Crucificado. ¿Acaso nuestros miedos y ataduras, nuestras pasiones y nuestras angustias, no nos aprietan también contra el polvo de la muerte? ¿No ha querido someterse el Señor a ese mismo cerco, para compartirlo con nosotros y mostrarnos una salida?

Señor, Dios mío, a ti me acojo. Líbrame de mis perseguidores y sálvame (Sal 7, 1). A tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31, 6).

Él se ha encerrado contigo. ¿Sabrás ahora salir tú con Él?

(TC04S)

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