Misterios de Navidad

Miércoles de la 27ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo impar) – Espiritualidad digital

Enséñanos a orar

Se nota que muchos discípulos de Jesús habían sido, anteriormente, discípulos de Juan:

Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

Hay mucha sabiduría en esta petición. Dice san Pablo que nosotros no sabemos orar como conviene (Rom 8, 26). Si nadie nos enseña, nuestra oración se dedica más a pedir que a agradecer; más a pedir lo urgente que a implorar lo necesario; más a obtener favores que a impetrar perdón.

Con todo, existe una enorme diferencia entre lo que enseñó Juan y la oración que Jesús nos ha entregado. Juan enseñó a su pueblo a pedir perdón como el siervo pide perdón a su amo. Cristo nos ha enseñado a llamar a Dios Padre.

Padre, santificado sea tu nombre

¡Qué extraordinaria, la primera súplica del Padrenuestro! Le pedimos a Dios por el propio Dios, porque somos hijos y nos gozamos en que el nombre de nuestro Padre sea honrado. Y, también, porque deseamos que ese nombre sea santificado en nosotros. Al pedir que sea santificado el nombre de nuestro Padre, pedimos nuestra propia santidad.

Así nos ha enseñado a orar el Hijo. Y, tras su Ascensión, el propio Espíritu nos ha enseñado a orar. Sin palabras.

(TOI27X)

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