Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo par) – Espiritualidad digital

¿Dónde está tu alegría?

Dichosos los que lloranPodemos leerlas en san Mateo o en san Lucas; del derecho o de revés; deprisa o despacio… El mensaje de las Bienaventuranzas, al final, siempre es el mismo: la felicidad del hombre no está en este mundo, sino en el otro. Lo cual no quiere decir que haya que esperar a morirse para ser plenamente felices, sino que deberíamos escuchar más a menudo a san Pablo: Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra (Col 3, 2).

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Si no aprendemos a encontrar nuestra alegría en Dios, seremos unos desdichados. Pero si el Señor es nuestra delicia, seremos los más felices de entre los hombres. Este mundo no da alegría; a lo sumo, da alegrías, alegrías pequeñas que vienen y van, dejando paso a tristezas pequeñas que van y vienen. La alegría verdadera, la que no pasa, sólo la da Dios a quienes lo aman.

Quizá deberíamos preguntarnos qué buscamos: ¿buscamos las alegrías de este mundo a través de Dios, o buscamos a Dios mismo a través de las pobrezas y riquezas, alegrías y tristezas de este mundo? Cuando sólo a Dios buscamos, somos pobres ante Él.

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