Sé feliz

La palabra «bienaventurados» es una de esas palabras que uno sólo encuentra habitualmente en la Biblia. No es un término con el que estemos familiarizados en el lenguaje coloquial. Lo más parecido a ella en el lenguaje del día a día es «felices». Sólo la bienaventuranza es la felicidad verdadera. Los santos han sido las personas más felices de la Tierra.

Bienaventurados los pobres en el espíritu... Bienaventurados los que lloran… Bienaventurados los que tienen hambre… Bienaventurados los perseguidos…

Así desmantelamos el primer engaño. Ni la riqueza, ni el prestigio, ni la risa hacen feliz al hombre. Sólo lo embriagan. Se puede ser pobre y ser feliz, pasar hambre y ser feliz, ser ultrajado y ser feliz. Jesús, en su discurso, está dibujando un crucifijo. Está gritando: «También en la Cruz seré feliz».

Porque la felicidad sólo la trae el amor. Y si ese amor es el Amor, la felicidad se eleva hasta los límites celestiales de la bienaventuranza. Aunque te falte todo, si gozas del Amor serás la criatura más dichosa.

No te conformes con leerlo. Entra por caminos de oración, goza de la gracia de Dios en tu alma, ama a Cristo y recibe su Amor… ¡Sé feliz!

(TOA04)