«Pero yo os digo…»
Te muestro algo que jamás debería salir de labios de un predicador: «Ya sé que la Iglesia dice… pero yo os digo…». Un predicador que hablase así no debería ser escuchado por los fieles, porque ya no habla en nombre de la Iglesia, sino en el suyo propio.
Pero Jesús hizo exactamente eso. Y lo hizo porque es Dios. Y lo hizo bien; sólo Él podía haberlo hecho. Brotado de sus labios, el «pero yo os digo» es sobrecogedor. Es el anuncio de una nueva era:
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás». Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso». Pero yo os digo que no juréis en absoluto.
Es impresionante. Es el mismo cielo bajando a la tierra y anunciando su entrada en nuestros corazones para que pasemos, de cumplir la Ley, a enamorarnos de Dios y entregarle, no nuestras obras, sino nuestra vida.
(TOA06)











