¿Nos quedaremos esperando?

A quienes deseáis ver el Reino de Dios extendido por toda la tierra os mostraré dos escenarios: Podéis rezar y esperar a que los hombres, hartos del mundo, vuelvan a Cristo. Y volverán, van volviendo de uno en uno, yo ya he recogido a unos cuantos que venían muertos de asco y de sed. O podéis ser divinamente impacientes, no conformaros con esperar rezando y salir a las calles, acercaros a quienes no creen y llevar el cielo a sus casas para que despierten, gritándoles, con vuestras vidas: El reino de Dios ha llegado a vosotros.

Porque para muchos, incluso entre quienes fueron bautizados, Dios es un concepto frío y lejano. No lo han tocado ni lo han olido jamás. Y el cristiano es quien, con su vida, su cariño y su alegría hace sentir a los hombres que Dios está cerca.

Decid primero: «Paz a esta casa». Y los hombres se sorprenden. ¿De dónde le viene a éste esa paz? Le viene del cielo, el cielo está cerca, lo toco cada vez que trato a este hombre. Huele a Dios.

No os conforméis con rezar y esperar. Llevad el cielo a los hombres. Sed santos en medio de ellos.

(2601)