Los sufridores
Yo creo que, secretamente, se morían de envidia. Bueno, primero se morían de hambre, porque estaban ayunando. Y luego, cuando veían a los discípulos de Jesús sentados con Él a la mesa, comiendo y bebiendo, se morían de envidia y empezaban a salivar.
Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
Entiendo lo de los fariseos. Eran tan puritanos como hipócritas. Pero los discípulos de Juan… ¿qué hacían en ese bando? ¿Acaso Juan no les había señalado a Jesús como el Cordero de Dios? ¿Cómo no se habían sentado a la mesa con Él?
Juan estaba preso, y aquellos guardianes de las esencias pensaban que le eran fieles manteniéndose en sus ayunos. Es como no comulgar para seguir guardando el ayuno eucarístico. Es no entender que aquel ayuno del Bautista estaba destinado a hacer hambre para el banquete. No creo que Juan estuviera orgulloso de ellos.
No hemos sido creados para sufrir, sino para gozar. Cuando ayunamos, es para comer algo mejor. Y cuando sufrimos, es para gozar algo mejor. Pasad, de Juan, a Cristo.
(TOI02L)











