La obsesión del santo
Un joven, a quien llamamos «el joven rico», se acercó a Jesús preguntando qué tenía que hacer para heredar vida eterna. En su favor diremos que era consciente de que necesitaba salvarse, y de que esa salvación requería que pusiera algo de su parte. Su error consistía en pensar que podía hacer algo para obtenerla. La vida eterna está fuera de nuestro alcance.
Contra lo que muchos piensan, uno no se salva por hacer algo, aunque ese algo sea muy bueno y se haga muchas veces. La Ley no era sino una preparación para la revelación final. Por eso Jesús, cuando el joven le dijo que la había cumplido, le respondió que le faltaba algo.
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La salvación del hombre es una persona: Cristo. Cristo lo es todo. Encontrarlo y amarlo es pasar de la nada al todo; de la muerte a la vida; de las tinieblas a la luz.
Sólo quien se ha obsesionado dulce y amorosamente con Cristo, quien ha sido irremediablemente secuestrado por su Amor, sabe que está salvado. Él no es quien nos dice cómo salvarnos; Él es la salvación. Abrazadlo, y no lo soltéis.
(TOA02)











