Como rezabas de niño
¿Cuántos de vosotros, que aprendisteis de niños el «Jesusito de mi vida», lo seguís rezando? Y, si no lo rezáis, ¿cómo entraréis en ese Reino de los cielos que es de quienes se hacen como niños?
«Por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tuyo es, mío no».
¡Hay tanta sabiduría en estas palabras, tanta piedad! Porque, al final, ¿qué es lo que quiere Dios de ti? ¿Tus buenas obras, tus oraciones? Tu corazón, nada más. Y nada menos.
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
De nada le sirven a Dios las oraciones y las limosnas, si no se las entrega un corazón enamorado. Él mismo entregará a su Padre, sobre la Cruz, un corazón traspasado del que manan, con la sangre y el agua, ríos de Amor a Dios y a los hombres.
Bebe de esas aguas, profesa una tierna devoción al sagrado Corazón de Jesús para que purifique el tuyo. Porque hace ya tiempo que fuiste niño, y tu corazón ha pasado por muchas manos. Creo que incluso se lo llegaste a entregar a un equipo de fútbol. Recupéralo y devuélveselo al Señor. «Tuyo es, mío no».
(TOP05M)











