Las cosas buenas y el Bueno
Os habréis dado cuenta de que hay una diferencia en el relato del joven rico según lo leáis en el evangelio de san Mateo o en los de san Marcos o san Lucas. En esos dos últimos, el joven llama a Jesús «Maestro bueno»; en san Mateo, en cambio, pregunta:
¿Qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?
La respuesta de Jesús es muy sugerente: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno.
Esta redacción está cargada de sentido. Porque ese joven pretende ganar (o comprar) la vida eterna haciendo cosas buenas. Hay mil cosas buenas que se pueden hacer, si quisiéramos hacerlas todas no acabaríamos. Algunos pretenden hacer todas las cosas buenas que se le ponen por delante, y viven al borde del infarto. En lugar de la vida eterna, creo que obtendrán la muerte prematura. Pero ¿se salvarán por eso?
Volvamos a la respuesta de Jesús: Uno solo es Bueno. Porque la salvación del hombre, más que en hacer cosas buenas, está en conocer al Bueno. Y, habiéndolo conocido, amarlo rendidamente. Entonces la voluntad se entrega, no a las diez mil cosas buenas posibles, sino a una pregunta: «¿Qué quieres que haga?»
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