Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

3 octubre, 2026 – Espiritualidad digital

Se marchó lejos… y está ¡tan cerca!

¿Vosotros veis a Dios con vuestros ojos?

No.

Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Desde su ascensión al cielo, Dios encarnado se marchó lejos. Lejos de nuestros sentidos. No lo vemos. Y –creedme– es bueno, aunque duela, que no lo veamos, porque su presencia nos intimidaría y limitaría nuestra libertad.

Envió sus criados a los labradores. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Como aquellos labradores, aprovechando la lejanía de Dios, el hombre se ha adueñado de la Creación. Y abomina de aquéllos que le recuerdan que existe un Dios dueño de todo.

Pero si esos ojos, que no pueden ver a Dios, se abrieran bien… Verían su huella en la Creación, en el fluir de la vida, en la palabra de quienes nos recuerdan que ese Dios nos ama… y en la dicha de un tiempo de oración ante un sagrario.

No. Nuestros ojos no pueden ver a Dios. Pero si se abren ante el misterio, el alma cae de rodillas y adora.

Pobres ciegos.

(TOA27)

El pulso de Cristo

La gente, para tomarse el pulso, toca con el dedo pulgar la parte inferior de la muñeca. Y siente tac, tac, tac… Cada latido del corazón se refleja ahí. Escribo «la gente» porque yo nunca lo he conseguido.

Pero el ejemplo me sirve. Porque el corazón del cristiano debería ser el pulso del corazón de Cristo. Tac, tac, tac… Se alegra Cristo, se alegra el cristiano. Llora Cristo, llora el cristiano. Perdona Cristo, perdona el cristiano.

En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo. Se alegra Jesús y se alegran aquellos setenta y dos. Pero no se alegran por lo mismo. El pulso está descompensado.

Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Ésta es la alegría de los apóstoles. Sus superpoderes. Se han sentido fuertes, más fuertes que los demonios.

No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. No os alegréis de vuestros superpoderes, que muy pronto me veréis despojado del poder en una cruz. Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Alegraos de que Satanás está vencido y vosotros salvados. Salvados por esa cruz.

Tac, tac, tac… ahora sí.

(TOP26S)

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