Una notificación de Hacienda, unos novios que se presentan sin avisar, el instalador de la caldera que me avisa con un día de antelación, una reunión a la que me convocan por sorpresa, la dichosa gripe que parece una escafandra en mi cabeza… A veces me siento como si fuera caminando entre zarzas, enganchándome en sus pinchos, y tratando de desengancharme ante el sagrario una y otra vez, aunque se rasgue la ropa y sangre la piel. No es fácil caminar así. Pero peor es quedarse enganchado.
Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea. Con razón Jesús llama necio a este hombre. Es un idiota. Y el peor de sus problemas no es que no va a descansar porque tendrá que montar guardia sobre sus bienes y pagar el impuesto de patrimonio. El peor de sus problemas es que, cuando Dios llame a su alma, la encontrará hozando en esa ciénaga. ¡A quién se le ocurre decirle al alma que se lance a semejante barrizal!
Es inevitable que nos enganchemos en las criaturas mientras caminamos. Pero no dejéis que os atrapen el alma. Desenganchadla ante el sagrario una y otra vez. Aunque sangre. Sed libres.
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