Sois panes ácimos

¡Cuántas veces debió Jesús niño ver a su madre esparcir levadura en la masa, y cuánto se asombraría aquel pequeñín al comprobar cómo la masa se inflaba para formar pan! No tengo duda de que esa experiencia le llevó a usar el símil de la levadura en varias de sus enseñanzas. En ocasiones, para bien, pues el reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta (Mt 13, 33). En otras ocasiones, para mal:

Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

El hipócrita, como la masa del pan, se infla para aparentar, mientras por dentro está vacío. Jesús les advierte: Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse. Al final, su engaño quedará a la vista.

Mirad, sin embargo, a Cristo crucificado: está aplastado, y entrega, con la sangre y el agua, su propio Espíritu. Su interior no está oculto, sino derramado. A diferencia de los fariseos, nunca pretendió aparentar ni agradar a los hombres; sólo los amó.

Por eso dice san Pablo: Sois panes ácimos (1Co 5, 7). Mostremos el Cristo que llevamos dentro.

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