Ella misma es un rosario

Es un detalle simpático el que, en la gruta de Masabielle, la Virgen de Lourdes pasara las cuentas del rosario sin abrir los labios. ¡No iba a rezarse el rosario a sí misma! Era Bernardita, y nosotros, quienes le rezamos el rosario a ella. Pero ella misma es un rosario.

La Virgen María es un rosario, y las horas de su vida son las cuentas. Porque ella se llenó de gozo en la Encarnación y el Nacimiento de Jesús. Ella fue iluminada con sus milagros y su predicación. Ella fue traspasada de dolor en la Pasión de su Hijo. Y ella fue igualmente partícipe de su gloria en su resurrección.

Recorrer las cuentas del rosario es recorrer la vida de Cristo. Pero es, también, acompañar a la Virgen en su caminar junto a Él. No hubiéramos encontrado el modo de explicar el misterio de María si ella misma no nos hubiera dado la llave que abre el secreto de su vida: Hágase en mí según tu palabra. Y esa Palabra es Cristo, su Hijo. Conforme a esa Palabra fue moldeada dócilmente su existencia. A ella le pediremos que ese gozo, esa luz, ese dolor y esa gloria moldeen nuestros corazones.

(0710)