El alivio del cristiano
Meditas la Pasión de Cristo, y vuelves a imaginar esos azotes, esas bofetadas, esa corona de espinas y esos clavos. Contemplas cómo carga con la Cruz sin apenas fuerzas y sin apenas sangre. Y hoy lees las palabras del Señor y, claro, te haces preguntas.
Mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
¿Cómo va a ser llevadero semejante yugo, y ligera semejante carga?
Pero te equivocas. El yugo y la carga a los que se refiere Jesús no son los azotes, ni las espinas, ni los clavos, ni el peso del madero. Si Dios te pidiera el martirio, Él mismo te haría capaz. Siempre lo ha hecho. Pero el martirio de sangre no es lo habitual ni lo ordinario.
El yugo y la carga a los que se refiere Jesús son la crucifixión de tu propia voluntad para hacer en todo, como Él, la voluntad del Padre. Y hacerla abrazado a Él.
Ese yugo es llevadero y esa carga ligera. Porque el mayor peso que llevas es ese apego a tus planes, a tu propia voluntad, ese querer siempre salirte con la tuya. Cuando te desprendas de esa carga y te abraces al Señor, experimentarás el alivio del cristiano.
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