Llamados a iluminar la tierra
Las palabras de Jesús nunca deben leerse como meras enseñanzas morales. Para entenderlas correctamente, debemos saber que, en primer término, Cristo siempre habló de sí mismo. Él es protagonista de todos sus discursos.
¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.
Él es la luz que vino del cielo para iluminar al hombre. Vivirá treinta años escondido en Nazaret, pero no hay nada escondido, sino para que sea descubierto. Se mostrará durante tres años y, después, subirá al candelero de la Cruz para iluminar la Historia con esa luz que su resurrección deja ver del otro lado.
No seremos luz del mundo si no subimos con Él al Madero; si no vivimos, como señaló san Pablo, crucificados con Cristo; si no convertimos nuestras vidas en sacrificio de obediencia ofrecido, con Él, a Dios.
Pero si lo hacemos, la luz que desprenderán nuestras vidas no alumbrará sólo a quienes estén cerca de nosotros. Seremos luz de mundo. Muchas religiosas, desde el secreto de su clausura, iluminan la Tierra.
(TOP03J)











