Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

octubre 2026 – Página 4 – Espiritualidad digital

Pónselo fácil

Te lo dije el día de los santos arcángeles, y te lo repito en la fiesta de los ángeles custodios: Al celebrarlos, celebramos el Amor de Dios. Tanto te quiere Dios, que ha ordenado a un ángel que te guarde en tus caminos.

Pero, al final, va a resultar que te quiere más Dios de lo que tú te quieres a ti mismo. Porque Él ha encargado a un ángel que te cuide, pero tú no te cuidas nada, y traes al ángel de cabeza. No sabía que podía haber ángeles estresados. Pero el tuyo lo está. Con razón.

Si no rezas nada, si apenas te confiesas, si vives en el caos y en el desorden, si te atiborras de contenidos tóxicos en la televisión y en Internet… ¿qué va a hacer tu pobre ángel? Volverse loco. Debería haber pedido el reemplazo hace tiempo, pero no lo hace porque te quiere muchísimo. Y, en lugar de pedir la excedencia, lo que ha pedido es cita con el arcángel psicoterapeuta.

No se lo pongas tan difícil. Mira que él no puede bloquear tu libertad, ni llevarte a rastras a la iglesia, ni obligarte a confesar.

Cuídate, pónselo fácil a tu ángel.

(0210)

El ángel que fumaba

Se llamaba Hilda. Caminaba con dificultad. Y fumaba como cuatro carreteros. Siempre olía a tabaco. Estaba llena de limitaciones. Y Dios la quería con locura. Yo también. Era un ángel fumador. Venía a misa todas las tardes. En alguna ocasión fue casi la única feligresa que tuve en misa. Entraba en la capilla después de fumar y salía a fumar al terminar la misa. Se nos fue al cielo hace años.

Una tarde, mientras fumaba en la calle antes de misa, vio pasar a una mujer llorando. Y, como ella no conocía los malditos respetos humanos, la abordó: «Hay un sacerdote confesando en la iglesia. ¿Por qué no pasas y hablas con él?». Y aquella mujer, que no había pisado una iglesia en años, pasó y habló con el sacerdote. No os daré detalles. Pero os aseguro que Hilda salvó una vida.

La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

Hay muchas personas a quienes una palabra sobre Cristo les cambiaría la vida. Y pocos que, como Hilda, hablen de Jesús con la misma naturalidad con la que se encienden un cigarrillo.

¡Cuánto te recuerdo, buena amiga!

(TOP26J)

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