Mientras intento escribir, tengo frente a mi ventana a un tipo perforando una pared con una taladradora. Mi reloj inteligente me avisa de que estoy sometido a más decibelios de los que mi cerebro puede soportar sin estallar. Debe estar a punto del estallido, porque el dolor de cabeza roza el nivel 15 en una escala de 10. Y mis pensamientos, en lugar de centrarse en las palabras del evangelio, van dirigidos al tipo de la taladradora, a su padre, a su madre y a todos sus ascendientes hasta la décima generación. ¿Qué puedo hacer?
¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
Debo hacer algo que no provoque más ruido en el alma que en los tímpanos. Recordar cómo mis pecados han taladrado el corazón de Cristo con más violencia de la que está ejerciendo sobre mi cerebro el *&@/%# de la taladradora. *&@/%# significa «bendito».
Entonces miro cómo el Señor me sonríe desde la Cruz mientras yo taladro su corazón, y saco la cabeza por la ventana y rezo un padrenuestro por el de la taladradora. Para que Dios le bendiga, y para que se detenga de una *&@/%# vez. Amén.
(TC03M)











