Por tres veces había negado Simón a Jesús durante su Pasión. Y cuando volvió a encontrarlo, resucitado, junto al Lago, Jesús, también tres veces, le preguntó:
Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? (Jn 21, 15).
No le preguntó si se había portado bien, ni tan siquiera si en adelante se portaría bien. Le preguntó si lo amaba. Y Simón, que se había portado mal, respondió con la verdad: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero (v. 17). Se había portado mal, pero amaba a Jesús. Y Jesús lo sabía.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente.
Tenlo en cuenta: Lo primero que nos pide Dios no es hacer, sino amar. Amar a Dios era imposible antes de la Encarnación del Verbo. ¿Cómo podría un hombre de carne amar a un Dios a quien no ve? Ahora, sin embargo, amar a Dios es amar desesperadamente a Cristo.
Claro que el amor te llevará a portarte bien. Aunque no siempre. Tropezarás muchas veces con tu debilidad. Pero ama primero y obra después. Porque si te empeñas en obrar sin haber amado, no serás feliz.
En resumen: ¡Reza!
(TOA30)











