Que hable el mudo, y callen los charlatanes
Tiene gracia. Al que no puede hablar, le pide Jesús que hable. Y a los que pueden hablar, les pide que se callen.
Le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar. Ni puede escuchar la palabra de Dios, ni puede proclamar sus grandezas. Por eso Jesús le dice: «Effetá» (esto es, «ábrete»). Estás cerrado, te has aislado en ti mismo, sólo vives para ti. ¿Cómo tendrás noticia de que Dios te ama, si no escuchas a quien te lo anuncia? ¿Cómo serás luz para otros, si no les entregas palabras de vida? ¡Ábrete! Escucha, deja que el corazón se llene de gozo, y proclama tu alegría a tus hermanos.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie. Estáis alborotados porque habéis visto un milagro. Pero no habéis entendido lo que ese milagro significa. Os habéis quedado con la apariencia, con el entusiasmo de un sordo que oye y un mudo que habla. Callad vosotros, recogeos en oración y meditad ante Dios lo que habéis visto. Entonces abriré vuestros oídos para que escuchéis la palabra oculta en el milagro. Que no he venido a sanar cuerpos, sino almas. Cuando lo hayáis entendido, abriré vuestros labios para que lo proclaméis.
(TOP05V)











