Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Página 51 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Lo flipo

Perdón por la expresión, pero «lo flipo» con las excusas de los invitados al banquete:

He comprado un campo y necesito ir a verlo… «¡Necesito!». ¡Pero si ya lo viste antes de comprarlo! ¿Qué quieres, ir a ver si han salido margaritas? ¿Y perderte el banquetazo con ternera de Ávila y Ribera del Duero para empaparte bajo la lluvia mirando margaritas?

He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas… ¿Te vas a echar encima tú el yugo, o vas a probar si a los bueyes les funciona el limpiaparabrisas? ¿No puedes dejarles dormir y probarlos mañana? Además, la mejor forma de probar los bueyes es comer el chuletón. Ya verás lo ricos que están.

Ahora viene la mejor: Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir… ¿Recién casado, y ya te prohíbe la mujer ir a una boda? ¡Venga ya! ¡Si la han invitado a ella también! Hace una semana querías que todo el mundo fuera a tu boda. Y ahora, cuando te invitan a ti, no vas. ¿De qué vas?

Está Cristo invitando a los hombres a recibir vida en abundancia en cada misa, y los hombres inventándose excusas para morirse mirando margaritas. Lo flipo.

(TOI31M)

El tiempo libre y José Luis Perales

Ya lo preguntaba José Luis Perales hace muchos años, cuando yo era cursi y él poeta: «¿A qué dedica el tiempo libre?». Es una pregunta crucial, la pregunta clave, la gran pregunta.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos.

Todos los días das un banquete, un banquete de veinticuatro horas que repartes según tu voluntad. Muchas de esas horas, como es lógico, están dedicadas al trabajo y a la familia. Pero cuando llega ese momento en que puedes decidir, ese sábado tranquilo, esa tarde de domingo, ese día de vacaciones… ¿A qué dedicas el tiempo libre? ¿Con quién compartes el banquete?

«Mi marido lo comparte con la tele. Con el fútbol, sobre todo. No hay forma de sacarlo de casa». Esta respuesta no me la he inventado, está basada en hechos reales.

Te guste o no, hay que salir. Y hay que relacionarse, no con quienes mejor lo pasamos (de vez en cuando, también), sino con aquéllos que más nos necesitan. Ojalá dedicaras el tiempo libre (y así respondemos a Perales de una vez por todas) a pasarlo bien con amigos que no conocen a Cristo. Y ojalá lo acabaran conociendo a través de tu amistad.

(TOI31L)

La fealdad convertida en hermosura

«Me voy al cielo»… Me lo dijo una mujer, antes de salir de este mundo. Y sé que me decía la verdad. «¿Pedirás por mí?», le pregunté. «Pediré por ti». Y se marchó. Dejó aquí su cuerpo maltrecho como una red rasgada y salió, feliz, al encuentro del Amor que la llamaba.

¡Qué hermosa es la muerte de un cristiano! Así como el cayado de Moisés abrió las aguas del Mar Rojo, la Cruz, el cayado de Cristo, convirtió en hermosura la fealdad suprema, y pobló con ángeles la que era guarida de demonios.

Porque la muerte era nieta en línea directa del Demonio, hija del pecado y la traición. Hasta que el Hijo de Dios se adentró en ella, abrió en la Cruz sus brazos, y se la arrebató al Enemigo para convertirla en Crucifijo.

Y ahora la muerte de un cristiano tiene toda la belleza del Cristo de Velázquez. Está perfumada de Amor, es puerta abierta hacia el cielo, y reina la luz donde antes gobernaban las tinieblas.

«¡Mira, allí está!»… Y señalaba hacia una esquina del techo. «¿Quién?». «La Virgen. Viene a buscarme»… Y murió sonriendo.

Llamad siempre al sacerdote para vuestros enfermos. Que mueran como cristianos.

(0211)

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