El psicólogo y el Padre

He escuchado a madres quejarse de que, con veinticinco años, ellas ya se habían casado y tenían hijos, y ahora esos hijos, con treinta y cinco, siguen viviendo de papá y mamá. Es un problema complejo, y no es éste el lugar para analizarlo. Sólo me atrevo a decir que muchos jóvenes tienen miedo al compromiso. Y eso dificulta su madurez. Es bueno, psicológicamente, que una persona asuma el riesgo y tome las riendas de su vida.

Todo lo anterior lo someto al juicio de cualquier psicólogo, que sabrá más que yo. Lo que quiero afirmar es que, en lo espiritual, las cosas son al revés. La madurez espiritual viene cuando el cristiano es cada vez más consciente de que es niño, de que nada puede por sí mismo, de que depende de Dios para todo. Cuando se trata de la salvación eterna, querer «buscarse la vida» es un suicidio.

Pedid y se os dará. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra? Y debemos pedir como niños, como quienes no quisieran salir jamás de la casa de su Padre.

Por eso, ojalá seas muy maduro ante el psicólogo… y muy niño ante Dios.

(TC01J)