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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Amor y escucha

¡Cómo nos gusta que alguien se acuerde de lo que le habíamos dicho! En estos tiempos en que los oídos de tanta gente están sellados con airpods, nos recorre el alma una brisa de satisfacción cuando un ser querido nos pregunta: «¿Qué tal fue aquella excursión que me dijiste que ibas a hacer?», «¿Qué tal sigue tu padre? Me dijiste que estaba enfermo». Entonces pensamos: «¡Me estaba escuchando!». Y nos sentimos queridos.

¿Imagináis que Dios olvidara lo que le decimos? No. No lo olvida. Guarda en su corazón cada una de nuestras palabras. Pero también quiere que guardemos las suyas.

El que me ama guardará mi palabraEl que no me ama no guarda mis palabras.

Hasta tal punto identifica el Señor el amor con la escucha, que podemos saber si le amamos o no por el modo en que guardamos sus palabras.

Y también así entendemos que el Espíritu es Amor: El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. Él es quien nos recuerda, y nos susurra al oído las palabras que Cristo nos ha dicho para que, guardándolas, nos salvemos.

(TP05L)

¿Pero aún no lo entendéis?

Dos mil años hace que el Hijo de Dios vino a la tierra, y muchos siguen anclados en la antigua Alianza. «Padre, con estos pecados no podré salvarme»; «Mi hijo no va a Misa, pero se salvará, porque es muy buena persona»… No hemos entendido nada. Ni siquiera nos hemos fijado en el buen ladrón.

Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Mirad qué afán de protagonismo. Y en nadie ha estado más justificado. Porque Él, Cristo, es el único Salvador del hombre. Mejor: Él es la salvación del hombre.

¡Que no! ¡Que nadie se salvará por ser bueno, ni se condenará por ser malo! La salvación consiste en conocer a Cristo, en mirarlo a los ojos y caer perdidamente enamorado de Él. ¿No veis que hasta los malos se enamoran? Meditad los santos evangelios, seáis malos o buenos, pasad tiempo recogidos ante el sagrario, clavad la mirada en el Crucifijo… hasta que se os derrita en corazón en el pecho. Y, entonces, comulgad su cuerpo y abrazaos fuertemente a Él hasta que nada más os importe en este mundo. Y estaréis salvados.

Y, además, ese Amor os hará buenos.

(TPA05)

¡Muéstranos a Cristo!

Estoy seguro de que quienes leéis estas líneas pedís cada día muchos favores al Señor. Pero, creedme, lo más grande, lo más importante que podéis y debéis pedir es vuestra unión con Cristo. Implorad que estéis tan estrechamente unidos al Señor que podáis decir al mundo lo mismo que el propio Cristo dice acerca de la unión entre su Padre y Él.

Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

Ojalá podáis decir: «Quien me ha visto a mí ha visto a Cristo».

Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras.

Ojalá podáis decir: «Lo que digo y lo que hago no lo digo ni lo hago por mi cuenta. Todo viene de los sentimientos del corazón de Cristo».

Pero, además de pedirlo, para lograr esa unión debéis tener una intensa vida de oración. Una vida de oración que sea, no una mera concatenación de peticiones, reflexiones y propósitos, sino un verdadero diálogo de Amor con Cristo, en el que os sumerjáis en su intimidad.

Porque, al igual que pidió Felipe a Jesús, el mundo nos está pidiendo: «Muéstranos a Cristo y nos basta».

(TP04S)

El día en que nadie trabaja y el alma del trabajo santo

almas sencillasConste que estoy en contra. Me opongo con todas mis fuerzas. Y con las del vecino, si me las deja. Protesto. No tiene sentido que la gente celebre la fiesta de San José Obrero levantándose tarde y faltando al trabajo. Hoy habría que trabajar doble. Si no ¿qué estamos celebrando? Me voy a plantar con una pancarta en la puerta del algún ministerio. Pero como no habrá nadie, porque nadie trabaja hoy, de poco me va a servir.

Hecha la protesta, vamos a lo nuestro. Los motivos del trabajo son los que le dan alma o le privan de ella. Si uno trabaja sólo para conseguir dinero, su trabajo no tiene alma, es mero instrumento de lucro. Pero san José trabajaba para honrar a Dios, para alimentar a su Hijo, para sostener a la Virgen, para enseñar a trabajar al Verbo encarnado… ¡Qué trabajo tan santo!

Ya que hoy te levantarás tarde y no vas a fichar, dedica tiempo a la oración y mira los motivos de tu trabajo. ¿Para qué, para quién lo haces? ¿Tiene alma tu trabajo? ¿Es oración, es prolongación de la Eucaristía, o es mero instrumento de supervivencia?

Dichoso quien trabaja en el taller de José.

(0105)

La Pascua y la Cruz

Confesaba a mis feligreses este pasado domingo que me enfadé cuando, para felicitarme la Pascua, un hombre me dijo: «¡Cristo ha resucitado! La Cruz ha quedado atrás». ¡Cómo va a quedar atrás la Cruz! La Cruz es la puerta del cielo y la clave para entender la vida. Es el centro del Cosmos. Y hasta al mismo cielo ha llevado Cristo sus llagas. Aparta de la Cruz la mirada, y todo se desmorona. Por eso desconfío de algunas espiritualidades que parecen estar desplazando la Cruz y buscando otro centro. Eso no es cristianismo, son juegos florales para burgueses.

La Iglesia sigue mirando a la Cruz en Pascua. Por no mirarla, muchos pasan la vida dándose de puñetazos con la adversidad y renegando de su suerte, como si Dios los hubiese olvidado. No han entendido dónde está la verdadera bendición del cristiano.

El criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Una mirada al Crucifijo te hace entender que no eres más que Él, y que es una dicha compartir su suerte. La paz en el dolor. Cuando creemos que todo va mal, esa mirada nos hace entender que todo va bien.

(TP04J)

Barro más barro más Espíritu

Si tú echas en un cesto veinte paladas de barro, no quieras vender su contenido como si fuera oro. Barro más barro sólo da barro como resultado.

Pero san Francisco de Asís acudía a las iglesias de los pueblos y, ante los vecinos, besaba manos y pies de sacerdotes que convivían públicamente con mujeres y engendraban hijos. Y santa Catalina de Siena llamaba «el dulce Cristo en la tierra» a papas que, como Gregorio XI, habían huido de Roma y vivían como príncipes en Aviñón. Trataban al barro como si fuera oro.

Y eso sucedía porque, en el cesto de la Iglesia, las paladas de barro que los hombres echamos con nuestra fragilidad y nuestros pecados reciben una unción venida del cielo, un soplo como el que recibió el primer Adán.

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Ante almas sencillas como la de santa Catalina, Dios retira el velo de nuestro barro y le hace ver la hermosura de su nueva creación. Si la Iglesia fuera la suma de sus miembros, no hubiera podido subsistir. Pero la Iglesia es la Esposa de Cristo, es hermosísima. Aunque vista de barro.

(2904)

¿Quiénes son sus ovejas?

puertaPuede parecer despreciativo:

Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.

Si alguien quisiera interpretarlo mal, diría que esas personas, que no pertenecen al rebaño del buen Pastor, están irremediablemente predestinadas a la condena. Y ¿qué culpa tienen de no ser de su rebaño?, ¿quién decidió por ellas a qué rebaño pertenecían?, ¿quién se las entregó a Satanás?

No. Jesús no desprecia a esas personas. Jesús llora porque esas personas lo desprecian a Él. Porque han decidido que de ningún modo quieren ser de los suyos. Y quien no es de Cristo es de Satanás, no hay término medio. Por eso no creen, porque no quieren fiarse.

Muchos dicen no tener fe, y hasta envidiar a quienes la tienen. Pero si les señalas el camino hacia la iglesia te dirán que de ningún modo van a recorrerlo, que no se fían de los sacerdotes ni del Papa.

Nadie te ha asignado al rebaño de Satanás. Salvo tú mismo, si no confías en la llamada del buen Pastor. Pero, si te fías, si te entregas a Él rendidamente y lo sigues, serás oveja suya, y Él te conducirá al cielo. Incluso si para ello debe llevarte sobre sus hombros.

(TP04M)

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