¡Cómo nos gusta que alguien se acuerde de lo que le habíamos dicho! En estos tiempos en que los oídos de tanta gente están sellados con airpods, nos recorre el alma una brisa de satisfacción cuando un ser querido nos pregunta: «¿Qué tal fue aquella excursión que me dijiste que ibas a hacer?», «¿Qué tal sigue tu padre? Me dijiste que estaba enfermo». Entonces pensamos: «¡Me estaba escuchando!». Y nos sentimos queridos.
¿Imagináis que Dios olvidara lo que le decimos? No. No lo olvida. Guarda en su corazón cada una de nuestras palabras. Pero también quiere que guardemos las suyas.
El que me ama guardará mi palabra… El que no me ama no guarda mis palabras.
Hasta tal punto identifica el Señor el amor con la escucha, que podemos saber si le amamos o no por el modo en que guardamos sus palabras.
Y también así entendemos que el Espíritu es Amor: El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. Él es quien nos recuerda, y nos susurra al oído las palabras que Cristo nos ha dicho para que, guardándolas, nos salvemos.
(TP05L)

















