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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

¡Que no! ¡Que no podemos!

Fue Barak Obama quien puso de moda ese lema: «Yes, we can». En España se fundó un partido político inspirado en esas palabras: Podemos. Y la gente se lanzó, ya en español, a canturrear en todas las manifestaciones: «Sí, se puede».

¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?, le preguntan los apóstoles al Señor, tras haber fracasado intentando expulsar a un demonio.

A ver si nos enteramos de una vez: Porque no podéis, no podemos, no podréis, no podremos, no pueden, no podrán… No podemos nada. Somos la pura impotencia. Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5).

Sin humildad, no sólo estamos perdidos, sino que hacemos el ridículo ante el cielo y la tierra. Somos pobres y desvalidos, estamos llenos de miserias y limitaciones, nada podemos por nosotros mismos salvo pecar.

¿Y entonces?

Todo lo puedo en aquel que me conforta (Flp 4, 13). Entonces nosotros, que somos niños pequeños incapaces de valernos, nos damos cuenta de que tenemos un Padre omnipotente que nos ama con locura. Y, en lugar de jugar a ser mayores y a calzarnos los zapatos de Papá, nos dejamos abrazar y confortar por Él. Y cuanto pedimos en Amor lo obtenemos. Somos omnipotentes.

(TOP18S)

Los santos y la cerveza

¿Te molesta que te diga que eres un egoísta? Te lo digo con cariño, y no para molestarte, sino para que te salves.

Ah, he dicho la palabra clave: «salvar». Ésa es toda tu pretensión, salvar los muebles, salvar tu tiempo, salvar tus planes, salvar tu salud, salvar tu tranquilidad… Una lucha interminable. Y, cuando creas haberlo salvado todo, te perderás tú. Y tus cosas contigo. Da la vuelta, por favor.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.

¿No te das cuenta de que no estás disfrutando de la vida? Ni de tu tiempo, ni de tu dinero, ni de tus planes. Tanta lucha por salvarlos, y al final se te marchitan en las manos. Tras el éxtasis del primer trago de cerveza fresca, el resto pierde el gas y se te caldea en la jarra, la bebes como un autómata, ni te enteras. Si te has molestado porque te he llamado egoísta, no me arriesgaré a llamarte, además, tonto.

Mira la sonrisa de los santos. ¡Qué disfrutones! Se enamoraron, lo entregaron todo, y vivieron llenos de alegría. Disfrutaron del Amor… y disfrutaron, mucho más que tú, de la cerveza.

(TOP18V)

¡Qué cerca está el Tabor!

¿Te hubiera gustado subir al Tabor con Pedro, Santiago y Juan? ¿Te hubiera gustado participar de ese momento de cielo, cuando la gloria de Cristo llenaba el aire? Pues sube.

Sube con fe al altar de Dios. Porque la Misa, que es renovación incruenta del sacrificio del Calvario, precisamente por ser incruenta es, también, Tabor.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol. Allí resplandece de gloria Cristo cuando el sacerdote, tras consagrar el pan, lo muestra al pueblo. Levanta los ojos, míralo. ¿No te parece hermosísima la sagrada Hostia? ¿No te parece que el aire a su alrededor se viste de luz?

Se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Allí, en la proclamación de la palabra, se congregan Moisés y Elías, la Ley y los profetas. Y nos hablan misteriosamente de Cristo.

Una nube luminosa los cubrió con su sombra. Allí, cuando el sacerdote invoca al Espíritu, una nube misteriosa rodea el altar. Si afinas el oído, tras la consagración oirás al Padre: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco.

Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Te ha salido del alma al comulgar. ¿Ves qué cerca está el Tabor?

(0608)

El alimento de los hijos

Me hablaste de un enfermo, y te prometí rezar para que confesara y recibiera la unción. Entonces te indignaste: «Padre, rece para que se cure. Ya se confesará después».

Ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

Yo también quiero que se cure, pero se te escapa, quizás porque el dolor te ciega, que existe una gracia mayor.

El Pan que comeremos hoy en la Eucaristía no son unas migajas que se le hayan caído a Dios de la mesa de los hijos. Dios nos ha hecho hijos. Más que el pan de los hijos, comeremos al Hijo hecho pan. La curación de una enfermedad no es sino un aplazamiento de la muerte. La absolución sacramental y la santa unción son vida eterna.

¿No lo entiendes? Dios nos trata como a hijos, no como a extraños, y nos hace compartir la suerte del Hijo. Quien comulga no debe extrañarse de la Cruz.

Pediré que el enfermo se cure. Pero pediré, sobre todo, que se salve.

(TOP18X)

Mejor que todos los consejos

Uno de los tipos humanos más insufribles es el del «aconsejón». Es esa persona que siempre tiene un consejo a mano para ti. Cuando veo a un aconsejón venir de lejos, me cambio de calle para no cruzarme con él.

Dejad­los, son ciegos, guías de ciegos.

Con los años, he ido procurando dedicar cada vez menos mis sermones a decirle a la gente lo que tiene que hacer. Para qué, si no me van a hacer caso. Procuro dedicarme, sobre todo, a hablar de Cristo. Si mis feligreses se enamoran, ya no necesitarán que nadie les diga lo que deben hacer. Un corazón enamorado de Cristo es el mejor gps hacia el cielo.

Con la dirección espiritual –¡tan necesaria!– me sucede lo mismo. Me preguntan algunos jóvenes hasta dónde pueden llegar en sus manifestaciones de cariño durante el noviazgo. Menuda trampa. Si se lo digo, avanzarán hasta la línea roja, y acabarán cayendo del otro lado. Prefiero decirles: «Rezad juntos el rosario, y tened cuidado con la sensualidad».

Aunque a algunos no les guste ser libres, nuestra misión no es dirigir sus pasos, sino mostrarles el Camino –que es Cristo– y animarlos a poner en juego su libertad para recorrerlo.

(TOP18MA)

La línea recta más larga del mundo

El recorrido más corto entre dos puntos es la línea recta. Pero no siempre. Si hay agua de por medio, la cosa se complica.

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven».

El recorrido de Simón en línea recta entre esos dos puntos, que son su barca y el Maestro, es una apuesta impresionante. Si este hombre es Dios, caminaré sobre las aguas. Si no es Dios, moriré ahogado.

Lo sorprendente es que, al inicio, no duda, sale de la barca convencido de que llegará hasta Jesús. Es el entusiasmo del converso, el ímpetu de los primeros pasos. Algunos creen que todo el camino lo recorrerán así, pero se engañan. Aún tienen que cruzar un desierto para llegar a la Tierra Prometida.

Aunque también desconcierta. Cuando Pedro lleva ya unos metros caminados sobre el agua, se supone que debería haber adquirido seguridad. Pero no es así, es entonces cuando duda y cae. Igual le sucedió en el desierto a Israel. Habían visto caer maná del cielo, y aún dudaban. Y a nosotros. Hemos visto milagros, y temblamos. Que nos recuerde el Señor lo que ya hemos visto, para que confiemos.

(TOP18LA)

¡Y no temblamos!

Me hubiera encantado estar presente cuando Jesús multiplicó los panes. Pero tengo la suerte de presenciar cada día un milagro mayor. Luego os cuento.

Lo que de verdad me hubiera encantado hubiera sido estar allí después del milagro. Mezclarme entre los apóstoles y escuchar los comentarios. «Pero ¿cómo lo ha hecho?». Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. «¿Y has visto todo lo que ha sobrado?». Recogieron doce cestos llenos de sobras.

Pero hay algo que os puedo asegurar: Aquellos cinco mil hombres, al día siguiente, volvieron a tener hambre. Y, más adelante, murieron todos.

Mirad ahora, con mirada de fe, lo que sucede en cada misa. No son cinco panes, sino uno, partido en la Cruz. Y llena todos los altares del mundo entero, son millones de hostias. Mirad cómo desciende el Espíritu Santo sobre cada patena, cómo recuesta sobre cada una al Pan de Vida. Mirad, disfrutad cómo se sacia el alma en la comunión fervorosa y recibe vida eterna el cristiano. Sobrecogeos al conocer cuánto nos ha amado Dios.

Lo sorprendente es que muchos, al terminar la misa de doce, se van al bar tan tranquilos, como si no les hubiera pasado nada.

(TOA18)

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